La historia militar que Irene Montero omite al defender a Cuba


Angola, Etiopía, guerrillas latinoamericanas y misiones médicas bajo el control del régimen.
La eurodiputada española Irene Montero volvió a defender al régimen comunista cubano durante un acto celebrado el 7 de octubre en el Parlamento Europeo bajo el lema «Cuba sí, bloqueo no».
En su intervención, Montero contrapuso la política exterior de Estados Unidos con la de La Habana, afirmando que Washington exporta terrorismo y violencia mientras Cuba exporta médicos, solidaridad, deportistas y cultura.
También calificó las sanciones estadounidenses de «genocidio sin bombas», una caracterización política que no constituye una determinación judicial.
El problema de esa descripción es lo que deja fuera: durante décadas, la dictadura castrista no solo envió médicos al extranjero, sino también soldados, instructores militares, armamento y apoyo a organizaciones guerrilleras.
Angola: miles de cubanos enviados a una guerra extranjera
En noviembre de 1975, Fidel Castro ordenó una intervención militar a gran escala en Angola, conocida como Operación Carlota, en apoyo al Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA).
Durante los años siguientes, decenas de miles de militares cubanos participaron en el conflicto. La presencia cubana se prolongó hasta 1991, con combates, operaciones militares y numerosas bajas.
Entre los movilizados hubo jóvenes que apenas habían alcanzado la mayoría de edad, aunque las fuentes disponibles no permiten establecer una cifra exacta de soldados menores de veinte años.
Cuba desplegó fuerzas de combate fuera de su territorio durante más de quince años.
Los archivos históricos del Departamento de Estado estadounidense documentan la magnitud de la intervención.

Etiopía: tropas cubanas en otra guerra africana
Angola no fue un caso aislado.
En 1977 y 1978, el régimen cubano envió miles de soldados a Etiopía para respaldar al Gobierno militar de Mengistu Haile Mariam durante la guerra del Ogadén contra Somalia.
Los militares cubanos participaron directamente en las operaciones que permitieron recuperar territorios ocupados por las fuerzas somalíes.
La intervención apoyó a un régimen militar que posteriormente fue ampliamente denunciado por graves violaciones de derechos humanos.
Estos despliegues muestran que la política exterior de Fidel Castro incluía operaciones militares convencionales y alianzas estratégicas, no únicamente cooperación humanitaria.
Colombia, Bolivia y Venezuela: apoyo a organizaciones armadas
En América Latina, la participación cubana adoptó otras formas.
Documentos desclasificados estadounidenses registran entrenamiento y apoyo a organizaciones insurgentes, entre ellas movimientos guerrilleros colombianos.
En Bolivia, entre 1966 y 1967, Cuba respaldó la guerrilla dirigida por Ernesto Che Guevara mediante entrenamiento, financiamiento y participación de personal cubano.
En Venezuela, documentos diplomáticos estadounidenses también registraron operaciones de infiltración vinculadas a militares cubanos durante la década de 1960.
En Nicaragua, el régimen de La Habana proporcionó entrenamiento y apoyo al Frente Sandinista de Liberación Nacional antes del triunfo de la revolución de 1979.
En 2019, expertos de Naciones Unidas expresaron preocupación por posibles condiciones de trabajo forzoso en las misiones médicas cubanas. Entre los problemas denunciados figuraban las restricciones de movimiento, la retención de parte de los salarios y las presiones sobre profesionales que abandonaban sus contratos.
El Departamento de Estado estadounidense también ha denunciado prácticas coercitivas en estos programas. La dictadura cubana rechaza esas acusaciones y presenta las misiones como cooperación internacional.
Las misiones médicas también han funcionado como una fuente de ingresos para el Estado cubano, mediante acuerdos en los que los países receptores pagan por los servicios prestados.
Más delicadas son las acusaciones sobre la utilización de misiones médicas para actividades de inteligencia e influencia política.
Existen testimonios y denuncias que atribuyen a determinados integrantes de estas misiones tareas de vigilancia o actividades ajenas a la medicina. Sin embargo, esos señalamientos no permiten concluir que todos los médicos cubanos sean agentes de inteligencia ni que cada misión constituya una operación de infiltración.
La distinción importa: una investigación seria debe identificar personas, operaciones y documentos concretos antes de presentar una acusación de espionaje como hecho demostrado.
El embargo no borra las responsabilidades del castrismo
Irene Montero también recurrió al embargo estadounidense para denunciar la situación cubana.
Las sanciones existen y tienen consecuencias económicas reales. Pero tampoco representan una prohibición absoluta de comerciar con Estados Unidos.
La legislación estadounidense permite determinadas exportaciones de alimentos, productos agrícolas y medicamentos hacia Cuba, bajo condiciones específicas.
Los registros comerciales muestran que las compras cubanas de productos estadounidenses continúan, pese a las restricciones financieras y comerciales.
El embargo, por tanto, no explica por sí solo la crisis productiva, el deterioro de la agricultura, los problemas de distribución ni las decisiones económicas adoptadas durante décadas por el Partido Comunista.
Los documentos históricos muestran otra realidad: intervenciones militares en África, apoyo a movimientos insurgentes latinoamericanos, colaboración con regímenes autoritarios y denuncias internacionales sobre el funcionamiento de las misiones médicas.
Los médicos cubanos merecen reconocimiento por su trabajo. Los jóvenes enviados a guerras extranjeras merecen memoria. Y las víctimas de la represión política merecen que su historia no desaparezca detrás de un discurso de solidaridad.
La defensa de los derechos humanos exige examinar todas esas realidades, no solamente aquellas que resultan convenientes para una posición política.

Josué Victores
Josué Victores (Colaborador): Exiliado cubano radicado en Estados Unidos de América desde el año 2022. Joven cristiano anticomunista, estudiante de Teología, comunicador político y activista por la libertad de Cuba.
